A menudo pienso que me gustaría poder trasladarme al pasado y hablar con mi yo de 14-15 años. Seguramente a diferencia de la mayoría, no le soltaría el típico rollo aburrido de haz esto o lo otro, tampoco el de tienes que esforzarte más, tienes que estudiar más, tienes que trabajar más. ¿El inglés?, más, y más y más. Eso ya lo sabía yo y lo sabe cualquiera en edad adolescente. La clave no es saberlo sino creerlo, y para ello tienen que convecerte. Y no se convence a nadie con un rollo macabeo de treinta minutos.
Así que yo me iría al bar mas cercano con mi yo de 14-15 años y hablaría con él de la subjetividad. ¿Eh? Estarás pensando… vaya iluminado éste, que al final le soltaria el típico rollo pero de una palabra rebuscada (para un niño de 15 años) sobre algo que no entiende y que no le apetece entender.
Pero es que yo lo que trataría sería de CONVENCERLE de que en este mundo lo que mas abunda es la subjetividad, que todo es opinable, que sobre algo concreto existen tantos puntos de vista como personas puedan opinar, y que por eso dos personas que discuten por algo pueden perfectamente tener ambas la razón. Que algo es bonito para ti y feo para otros, que la amistad es diferente para cada persona, el amor, lo mismo, y que el éxito también es subjetivo. En cuanto soltase esa palabra por la boca ya le estaría convenciendo, porque todo el mundo quiere tener éxito, y es de las pocas cosas que no entiende de edades, da igual que tengas 15, 30, 43, o 4 años y medio. Quieres tener éxito.
Entonces, ahora que tendría sus cinco sentidos puestos en mí, le convenceria de que el éxito no significa sacar las mejores notas, ligarte a la tía más guapa, estudiar la carrera más difícil, o ganar más dinero que nadie. Le diría: «esfuerzate como el que más, pero en dedicar tu vida a algo que te guste de verdad, y no te equivoques que esto no es el dinero. Esto te lo chivo yo que soy tú dentro de diez años y ya lo sé».
Me gustaría poder explicarle que nadie sabe mejor que él mismo lo que de verdad le gusta, y que preste mucha atención a la gente que le aconseja pero que JAMÁS permita a nadie (ni siquiera a sus padres) tomar ninguna decisión con respecto a su vida profesional. Que no importa las salidas que tenga una carrera u otra si de verdad elige la adecuada, que la adecuada será la que más le guste aprender, y que la que más le guste aprender será la que le haga esforzarse como el que más, y la que hará que quiera ser el mejor en la vida, sabiendo mas inglés que nadie pero si es necesario para su profesión, no porque «hoy en día no eres nadie sin el inglés.»
Y para terminar, le diría que en el futuro, si es o no una persona exitosa solamente podrá decirlo el, no su cuenta corriente, su currículum, o su trabajo.
Acto seguido desaparecería sin pagar, para que sepa que no debe fiarse de casi nadie en esta vida, incluso de sí mismo, pues será quien mas veces le decepcione.