A veces me da por pensar en el paraíso, en cómo será. Me da por intentar imaginar si sería capaz de apreciarlo. Si lo haría con los sentidos o es algo que no es palpable a la razón humana. Si realmente existirá… Al final siempre llego a la misma conclusión:
Los seres humanos somos claramente algo más, mucho más diría yo, que carne y huesos. Está claro que aunque el cuerpo muera, hay algo en nosotros que no puede desaparecer sin más. Así que concluyo mis divagaciones creyendo que después de la muerte debemos pasar a un estado «mental» o «del alma». Y es ahí donde está la diferencia entre el paraíso o el infierno. Si tú conciencia te lo permite, descansarás en paz. La otra opción es que te atormenten tus demonios.
Acto seguido y como supongo que todo el mundo, me imagino digno de descansar en paz y trato de imaginar a donde me llevaría mí mente y COMO SERÍA MI PARAÍSO.
Una tarde de lluvia al calor de una chimenea. Un domingo de cine. Un día de reyes eterno. Un viaje con los amigos. Un café al atardecer en un bonito paraje. Un reloj sin manecillas. Un tercer tiempo de fútbol interminable. Cualquier cerveza con cualquier amigo. Cualquier día del año con la mujer a la que quiero. Una charla filosófica con alguien a quien no creía profundo. El enganche a una serie y todo el tiempo del mundo para beberte sus temporadas. Un trabajo que me guste hacer. Un berdie. La celebración de un título en equipo. Un rato de inspiración para escribir. Descubrir una canción y pensar que es la mejor que habías escuchado nunca. Escucharla sin parar. Sentirme orgulloso de alguien a quien quiero. La soledad por gusto. Alguna persona desconocida siendo excepcionalmente amable. El trabajo bien hecho. Mamá. Una cena de primos. Perder el tiempo. Sentirme apreciado. Jueves Santo en Sevilla. Una acampada con los amigos. Un amanecer de luna. El tirador de la cervecería Coronado. Los nervios previos a un viaje. Llorar con una película. Una reunión de chistes. Horas y horas escuchando la radio. Tumbarme en el suelo, apoyando mi cabeza en mi perro KUMA. Le echo de menos. Muchos animales a mi alrededor. Alimentarme de mi propio huerto. Necesitar poco para disfrutar mucho.
Y así, durante toda la eternidad.