UN DÍA EN EL PARAÍSO

10:00 de la mañana, el sofocante calor te ha despertado. Es de obligado cumplimiento que te incorpores, por mucho que te cueste, para abrir la cremallera de la tienda, y si estas lo suficientemente despierto, quitarte una o dos capas de abrigo con las que anoche te metiste en el saco. Gracias a este dantesco esfuerzo, la pequeña brisa que entra y airea la «habitación» como si los mismísimos pulmones de Eolo estuviesen soplando para ti, te permitirá disfrutar de media hora de placentero relax en el abismo que existe entre estar despierto o volverte a dormir. Eso que puede ser sufrimiento cualquier día de tu vida, aquí se convierte en dicha. Dichoso eres por volver de la inconsciencia a la vida con esa banda sonora que la naturaleza pone para ti, el MAR. Sus olas diminutas llegando a la orilla, incesantes, cada tres o cuatro segundos, hhggggguuuissshhhh!!!

Ya con vida, sales de la tienda a estirarte y contemplar tan bello paraje. DIOS, ¿estoy en el Olimpo?, ¿me he muerto ya?. Entonces ves a cualquiera de tus amigos por ahí deambulando, así que decides que no, que estas vivito y coleando, pero poco. Esto me pasa a mí, que soy de sueño fácil y profundo. Supongo que algún otro tendrá que ser el primero en salir y dudará más tiempo, hasta se pellizcara en el brazo.

Por si no lo sabes ya estás en Portugal, NO VES A NADIE EN LA PLAYA QUE NO HAYA VENIDO CONTIGO, y voy a tratar de contarte como transcurre el día allí. Por recordártelo, o por lograr que imagines siquiera lo feliz que podrías ser viviendo una experiencia como ésta en el paraíso del relax y la amistad.

Mientras pones tu mente en orden, otros llevan ya un rato entretenidos con alguna actividad. Algunos pescan, ya sea con caña o con arpón y neopreno. Otros hacen las primeras fotografías del día. También los hay comentando que tal lo pasamos ayer. Que si que bien cenamos, que bien jugamos con la cerveza que estuvo fría toda la noche… «Cerveza-fría-nevera…» Acabas de recordar que en la nevera, lee bien porque esto es una premisa importante, siempre debe haber fruta. Porque es lo que más vida te da por la mañana. De hecho, ya me estoy comiendo un jugoso melocotón.

Es hora de organizarse, un coche se dirige a la población más cercana en busca de víveres. Los integrantes de la expedición preguntan en voz alta: «chavales, ¿qué vamos a comer hoy?» Y es que aquí todo se hace en grupo y se prepara con su debido tiempo. Porque si de algo estas sobrado en este viaje, es de horas del día, aunque en ningún momento se te ocurra contarlas o preguntarte en cual de ellas te encuentras… Como digo, sale el coche hacia la tienda. A la vuelta vendrá con nuevas provisiones. Cerveza, fruta, hielo, pan, carne, chacina… De todo un poco. Bueno, CERVEZA MUCHA. Incluso algún utensilio de pesca que ha sido encargado excepcionalmente.

Se acerca el mediodía, ya te has dado el primer baño y tienes por unas cuantas horas. Te has tomado ya más de dos SUPER BOCK (la cantidad la dejo a tu gusto) y el grupo se dispone a preparar la comida. Lo que voy a contar a continuación me ha pasado de verdad. Estás sentado en la arena, rodeado de buenos amigos. Con un plato de plástico más bien pequeño y un cubierto también de plástico y probablemente compartido con alguien, porque siempre falta algo. Estás comiendo la NO mejor comida del mundo y piensas que no cambiabas ese momento por nada. Que el mismo grupo de amigos pero en un hotel de la Riviera Maya, con una pulserita de «todo pagado», no sería tan feliz como en ese instante. Porque si algo tiene este viaje, es que el grupo permanece unido 24 horas al día. No existe otra gente que distraiga a nadie. No hay mujeres que os separen ni conversaciones con otras personas. Todo lo que te pase o lo que quieras hacer, lo haces con el grupo. Y eso es lo mejor de todo esto para mí. Gracias a vosotros.

Ya es media tarde, después de la siesta. Los de siempre siguen intentando pescar y por favor que lo consigan. Porque cenar de tu propio anzuelo es de las sensaciones más placenteras que he tenido en mi vida. Aunque no hayas sido tu, ha sido cualquiera del grupo pero te da la sensación de ser un náufrago y de estar viviendo de verdad en la naturaleza. Empieza la hora del deporte. Fútbol, fútbol americano, ejercicios de «yoga» que Pedro se inventa sobre la marcha… Cualquier cosa que se te ocurra es buena y adecuada para hacer, no hay normas.

Va cayendo el sol y es hora de preparar la noche a tiempo para poder contemplar su ocaso, otro de los grandes momentos del día. Los prolegómenos son sencillos. Consiste en buscar madera para la candela, ni más ni menos. Un fuego que te dará de cenar y te proporcionará calor hasta la hora que tu quieras. No es raro buscar más leña a altas horas de la madrugada y provisto de una linterna. Para que no muera el día.

Después de la cena empieza la fiesta, pasamos de la cerveza al alcohol duro. Por alcohol duro se entiende lo que todos entendemos o cualquier tipo de licor de manzana, melocotón, etc. Estos licores clásicos son muy cómodos para la expedición, porque los metes en la nevera y te olvidas de ellos. Te olvidas de ellos hasta que te acuerdas. Y con sólo echar mano de uno ya estás servido. No necesitas vaso ni hielo, viene frío y se bebe a morro. Otro momento de los que no hay precio, eres feliz, y no importa que sea la NO mejor bebida del mundo. Aquí y ahora lo importante no es el contenido si no el continente. Y el toque secreto de este cóctel es la buena música, la buena guitarra, los cantes o las risas.

Va acabando la noche, salida nocturna del campamento para hacer la última visita del día al cuarto de baño, que es inmenso. En grupo, como no. Alejados de las tiendas, llega sin duda el mejor momento para mí. Es pasado unos minutos desde que saliste de la luz del campamento. Cuando tus pupilas ya se han abierto para dejar entrar la poca luz que la oscuridad te brinda. Ese momento en que miras hacia arriba y ves el majestuoso espectáculo de la noche. Joder, que afortunado soy, que bonito es esto por Dios. Empiezan a volar los comentarios: «Esto es una pasada», «fijaos que no se ve ninguna luz en toda la costa, estamos solos aquí». Algún comentario filosófico: «iyo es que hace miles de años debían flipar con esto, que no sabían lo que era… Normal que pensaran que eran los DIOSES…»

¿Pues sabes qué? Hoy en día sabemos que no son dioses pero yo estoy completamente convencido de que eso de ahí arriba lo ha tenido que crear algún tipo de DIOS porque si no no me lo explico. Así qué chavales, vámonos a la cama que mañana a las 10:00 hay que abrir la tienda para que la gracia de Eolo nos haga comenzar un nuevo día. Buenas noches.


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