Día de confinamiento número 17!
Seguro que como yo, no paras de ver en la pantalla de tu smartphone continuamente mensajes de que hay que afrontar esta crisis y este encierro como una oportunidad de aprender, de reflexionar. Estoy totalmente de acuerdo en eso, hay que aprender de absolutamente todo lo que te pase en la vida, de lo bueno y de lo malo. Y estamos viviendo uno de los momentos clave en la historia moderna de la civilización, como para no aprender de ello.
Pues bien, últimamente he pensando mucho en esos momentos de nuestra vida normal que siempre han sido un puto coñazo, hablando claro. He pensado mucho y he intentado acordarme de todos los posibles. Por una sencilla razón. Me he dado cuenta de que esos momentos también los echo de menos. Porque TAMBIÉN son la vida:
Que te molesten los pies, llenos de arena pegada después de un día de playa, también es la vida. Que te duela el agua de la ducha ya sea fría o caliente, porque te has quemado con el sol. También es la vida.
Tener que esperar en el chiringuito un rato porque está lleno y no hay mesa. Y tú, muerto de hambre. Que la playa esté llena de gente y el niño del de al lado, que molesta. Tener que darse un pateo porque el coche está en el quinto infierno.
Es también la vida no ponerte de acuerdo en elegir el sitio donde ir a cenar. O recoger a alguien y tener que esperar porque aún no está listo, además, sin sitio donde parar.
Los atascos y el frío por las mañanas que coñazo son, pero amigo, también son la vida.
Las colas en la barra y en el baño de un bar, no poder salir a fumar con tu copita en la mano. Llegar el último a un concierto y no ver nada desde la última fila. Parte de la vida es.
Que llegue el metro y no quepas, a esperar al siguiente. Vuelo cancelado, adiós al viaje de Semana Santa. O el calor asfixiante de una caseta de feria.
Todos estos momentos son parte de la libertad que hasta hace bien poco, aunque parezca un lustro, no valorábamos como es debido. Humana y sensatamente. Nos han entrenado desde pequeñitos en una sociedad saturada de entretenimiento, por eso un atasco nos aburre tanto, porque no tenemos nada que hacer. No sabemos estar parados, sin más. No sabemos vivir el presente. Corremos a todas partes, como locos, buscando ganarnos un futuro que nunca llega, porque siempre queremos más. Y siempre entonces será futuro.
Por suerte, ha venido el maldito COVID-19 a enseñarnos esta valiosa lección. Y es que, por mucho que te molestaran esos detalles que tiene la vida y que son un coñazo, ahora sabemos que por desgracia SIEMPRE puede ser peor. Es esta la clave que debemos grabar a fuego en nuestras memorias. Para que en el próximo atasco en el que nos encontremos, podamos recordarnos que hubo un día en el que llegamos a extrañarlos. Y sentirnos orgullosos por haber aprendido de aquella lección de vida que supuso el confinamiento. Aquel que nos hizo aprender que un atasco puede ser un buen momento en el que pararse a reflexionar. Pensar hacia dónde vamos y porqué tenemos tanta prisa, si lo que de verdad importa, es el AHORA.
Que crack!! Me ha encantado!! Gran verdad pájaro!! Enhorabuena!
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Creo que lo que nos enseña el COVID-19, no es a extrañar el atasco, es mas bien, qué hacer para que no haya. El teletrabajo, irse al pueblo, casa de la playa, casa de campo en muchos casos (sin contagiar claro) nos está demostrando que es posible otra vida. Esos edificios de oficinas masificados VS esos pueblos abandonados es absurdo, cuantas construcciones hay abandonadas a un palmo de la ciudad. la tecnología nos acerca y nosotros queremos estar en la misma mesa cenando pero mirando la tecnología! Recolonicemos en mundo rural!!!
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