Existe una mujer idílica para todos. Todos idolatramos a una persona inexistente, fruto de nuestra imaginación. Todos los hombres queremos a esa ficticia mezcla de mujeres de las que aprendimos algo y a las queremos por ello. Anhelamos a una mujer que tiene todo lo bueno que ha tenido cada persona que hemos conocido. Queremos poner todas esas virtudes en un solo individuo. Una infinita colección de todo lo que dirías que te gusta de alguien. Pero ella no existe.
No entiendo porqué, o en realidad si, pero no entiendo porqué esa mujer no puede o no debe tener defectos. Perseguir lo imposible es de necios. Sin embargo, yo el primero, todos lo somos. Y persiguiendo a alguien perfecto, jamás encontraremos lo que buscamos. Si uno mismo no es capaz de reconocer sus propias imperfecciones y darse cuenta de que alguien deberá aceptarlas, tampoco será capaz de entender que no existe ese ser divino que busca incesantemente.
Que suerte tenemos de que haya algo superior a nosotros que haga que mágicamente sintamos conexión con alguien. Que no puedas explicarlo pero que quieras perseguirlo. Algún tipo de magia que no logramos entender o que incluso escapa a nuestra capacidad de entendimiento. Algo que atrapa y nadie puede escapar de ello. Algo tan mágico como el amor. Algo extraordinario que nos hace dejar de pensar y dedicarnos a perseguir. Y lo hace en un lenguaje que no podemos traducir pero que si podemos sentir. Y además todos lo hacemos. Es independiente a la clase social, economía, educación, estado de salud…o al lugar del planeta en el que cada uno se encuentre.
Pienso a menudo en esto, y lo veo como si se tratase de otra dimensión. Un lenguaje dominado por seres que experimentan el universo más allá de las 3 dimensiones que el ser humano es capaz de percibir. Es un idioma que nadie domina pero que todo el mundo puede sentir. La inexplicable fuerza de atracción hacia otro ser, como si de la gravedad se tratase, es la lengua de los dioses. Dioses que a veces nos bendicen con la capacidad de sentirlo, aunque no con la capacidad de explicarlo.
Acéptate, quiérete. Solamente entonces, podrás aceptar y querer a alguien. No hay más secreto que estar preparado para cuando algún Dios quiera tocarte con su varita.